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Nota que resalta un hecho psicosocial de magnitud mundial, al tiempo que llama la atención sobre la falta de apoyo de ciertas organizaciones que se declaran  progresistas.  

(In English) 
An article that highlights a psychosocial event with a global dimension, while drawing the attention to the lack of support from certain organizations that claim to be progressive.

(Em Português)
MAREA DE INDIGNACIÓN: MIENTRAS ALGUNOS DESPIERTAN, OTROS SIGUEN DURMIENDO.

Es casi imposible no advertir un hilo conductor que hilvana la serie de eventos que fueron detonados en enero de este año por Túnez, y que luego se fueron replicando en Egipto, Jordania, Marruecos, Yemen, Bahrein, Sudán, Omán, Kuwait, Libia, y Siria. Más tarde vino España (en Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Logroño, Santiago de Compostela, Toledo, Bilbao y otras), y se extendió al resto de Europa, como sucedió en muchas ciudades de Francia, Grecia, Alemania, Portugal, República Checa, Hungría, Polonia, y Austria. Esto fue preanunciado en alguna medida, y entre otros, por el caso ejemplar de Islandia en el 2008, las protestas masivas ante el G-20 en el 2009, y las huelgas y movilizaciones sindicales en toda Europa durante el 2010. Y lo de hoy, a su vez, preanuncia mucho más por venir.
Cada uno de estos casos tiene características específicas propias de la historia y situación actual de cada país en los que tiene lugar, pero todos ellos tienen el inequívoco sabor de un descontento generalizado que pasó a ser rebelión indignada frente al estado de cosas. Esta vez es difícil para los defensores del statu quo desestimar y descalificar estos hechos, atribuyéndolos a oscuras maniobras de minorías, a la acción encubierta de gobiernos foráneos o del terrorismo internacional.
Si bien las banderas de las demandas que se agitan pueden variar, todas ellas destilan un profundo hastío por al inmovilismo de un sistema anquilosado ante la velocidad de cambios mundiales, por un letargo autodestructivo que no atina a concebir –y mucho menos a implementar- los cambios profundos que son necesarios para afrontar los desafíos del nuevo mundo. Y no atina porque todavía se insiste neciamente con las recetas de antaño, creyendo que basta ir alternando la conducción social con las opciones desgastadas de siempre, creyendo que un político más o menos mediático bastará para aplacar el clamor por algo realmente nuevo, creyendo que la manipulación de indicadores macroeconómicos soluciona todo. Pareciera que no bastan los ejemplos patentes que abundan en todas las regiones para terminar de convencer que los modelos actuales ya no funcionan.
Las banderas de las demandas populares que se agitan estos días son fruto del consenso de mínima de una amplia diversidad de reclamos desoídos en todos los campos, no sólo en lo político y económico, sino en lo social, lo cultural, lo institucional, lo ecológico y demás. O sea, las consignas que leemos en las pancartas son sólo la proverbial punta del iceberg de un descontento masivo con el estado actual de nuestras sociedades. Exigir más significaría reducir el poder de convocación. Es un descontento transversal que aúna generaciones, sectores de ingresos, credos, regionalismos, nacionalidades, y una amplia gama de posturas en cuanto a propuestas de cambio. Quizá el descontento no sea solamente por la frustración que generan las expectativas incumplidas de bienestar y consumo, sino también por una manera de vivir deshumanizante: aun para la minoría que logra  satisfacerlas.
Pero las rebeliones de hoy se explican tanto por el presente que se padece como por el futuro al que se aspira. Así, ojalá que estas rebeliones no se detengan, y que vayan más allá de la vistosidad mediática de las manifestaciones en la plaza pública, encontrando otros campos y modos de acción. Ojalá que amplíen y profundicen su propuesta de cambio más allá de las banderas que hoy enarbolan. Ojalá que conserven su carácter no violento, no discriminatorio, transversal, participativo y descentralizado. Ojalá que estas rebeliones no se entiendan a sí mismas simplemente como locales o como reivindicaciones de parte, sino como la expresión multifocal de un modo de pensar y sentir mundializado, de una sensibilidad naciente que corresponde a un futuro querido.  
Es de esperar también que a esta ola mundial de rebelión frente a lo establecido, y a esta aspiración por un mundo mejor, se sumen una rebelión y una aspiración similares por el mejoramiento como seres humanos, más allá de ser simplemente consumidores exigentes frustrados por expectativas ilusorias. Porque sería una media verdad y un nuevo sueño atribuir toda la responsabilidad del estado de cosas solamente a los políticos y los banqueros, cuando convenientemente se descargó en ellos el manejo de la cosa pública y, por ende, el control de nuestras vidas. Porque las promesas incumplidas y las estafas de todo tipo no son cosa de estos últimos años, sino de larga data.
Que sea una rebelión guiada por necesidades vitales esenciales, y no por el deseo desmedido no sustentable ni solidario. Entre esas necesidades vitales esenciales seguramente se contará la de dar a nuestras vidas un sentido profundo y trascendente, libre del sinsentido del colocar al dinero como valor central de la vida personal y social.
En todo caso, la rebelión ante el mundo que se rechaza y la construcción del mundo que se anhela no pueden ser "subcontratadas": requieren el compromiso activo de cada uno de nosotros, antes y después del acto electoral. Ojalá que esto ya se comprenda, y que los que hoy encabezan la protesta no encomienden una vez más a los políticos profesionales que les solucionen las cosas, sino que ellos mismos tomen en sus manos la construcción de un gran movimiento que lleve esta nueva sensibilidad a los lugares de decisión que les corresponden. Quizá por razones similares Stéphane Hessel escribió “¡Comprometeos!” después del “¡Indignaos!”
En términos de compromiso activo, aún quedan muchas fuerzas por sumar su apoyo a la protesta. Estas fuerzas son variadas y no sólo políticas, sino también sociales, culturales, religiosas, etc. Es extraño advertir que aún no hayan manifestado su apoyo público y decidido a favor de lo que está ocurriendo. ¿A qué se debe este silencio? ¿Quizá porque no pueden ser protagonistas o monopolizar lo que sucede? ¿Quizá porque no se originó en desde su propia organización o lugar? ¿Creen acaso que están a salvo de lo que se denuncia en otros lugares? ¿Creen poder manejar su "isla feliz" prescindiendo del sistema global en que se hallan inmersos? ¿O acaso están tan absortos en sus propios intereses y escenario local que les impide advertir que lo que se expresa en Europa y África es el clamor de todos?
Aun algunos que ideológicamente se declaran globales o internacionalistas parecen insensibles ante la urgencia de replicar y aumentar la protesta -y sobre todo la propuesta- en todos los lugares y foros. En particular, los partidejos y sus mezquinos políticos aún piensan en términos localistas, siguen alimentando el juego de la democracia formal del reparto de cargos, privilegios y prebendas, mientras continúa el saqueo de los pueblos a manos de los dependientes del capital financiero especulador.
Se va hundiendo este sistema no perfeccionable, condenado irremediablemente a su superación. ¿Será el caso de seguir creyendo aún en el gradualismo reformista cuando la nave hace aguas por todos lados y arrastra a todos en su naufragio? ¿Será el caso de seguir apoyando el juego de la democracia formal, ciegamente nacionalista y clasista, o bien de apostar al cambio global y real que hoy se vislumbra como posibilidad en las plazas del mundo?
Porque no importa tanto lo que esta rebelión es hoy como lo que podría llegar a ser mañana.

Fernando A. García Buenos Aires, 31 de mayo de 2011
fernando120750@gmail.com

Artículo de posicionamiento ideológico ante este evento de escala global del 2008, cuyas consecuencias aún siguen vigentes. Buenos Aires, octubre de 2008.

MARÉ DE INDIGNAÇÃO: ENQUANTO ALGUNS DESPERTAM, OUTROS SEGUEM ADORMECIDOS.

by Fernando Alberto Garcia on Tuesday, May 31, 2011 at 9:30am

É quase impossível não advertir um fio condutor que liga a série de eventos que foram detonados em Janeiro deste ano em Tunez, e que logo se foram replicando no Egipto, Jordânia, Marrocos, Yemen, Bahrein, Sudão, Oman, Kuwait, Líbia e Síria. Mais tarde adveio Espanha (emm Madrid, Barcelona, Sevilla, Valência, Logrono, Santiago de Compostela, Toledo, Bilbao e outras), e se extendeu ao resto da Europa, como sucedeu em muitas cidades da França, Grécia, Alemanha, Portugal, República Checa, Hungria, Polónia e Austria. Isto foi pre-anunciado em alguma medida, e entre outros, pelo caso exemplar da Islândia em 2008, os protestos massivos ante o G-20 em 2009, e as greves e mobilizações sindicais em toda a Europa em 2010. E o de hoje, a sua vez, preanuncia muito mais por vir.

Cada um destes casos tem características específicas próprias da história e situação actual de cada país nos quais tem lugar, mas todos eles têm o inequívoco sabor dum descontentamento generalizado que passou a ser rebelião indignada frente ao estado das coisas. Desta vez é difícil para os defensores do status quo desestimar e desqualificar estes feitos, atribuíndo-os a obscuras manobras de minorias, à acção encoberta de governos forâneos ou ao terrorismo internacional.

Se bem que as bandeiras das exigências que se agitam podem variar, todas elas destilam um profundo fastídio pela imobilidade dum sistema obsoleto ante a velocidade das mudanças mundiais, por um letargo auto-destrutivo que não atina a conceber – e muito menos a implementar – as mudanças profundas que são necessárias para afrontar os desafios do novo mundo. E não atina porque todavia se insiste nesciamente com as receitas de antão, acreditando que basta a alternância da condução social com as opções desgastadas de sempre, acreditando que um político mais ou menos mediático bastará para aplacar o clamor por algo realmente novo, acreditando que a manipulação dos indicadores macro-enconómicos soluciona tudo. Parece que não bastam os exemplos patentes que abundam em todas as regiões para terminar de convencer que os modelos actuais já não funcionam.

As bandeiras das exigências populares que se agitam nestes dias são fruto do consenso mínimo duma ampla diversidade de reclamações ignoradas em todos os campos, não apenas no político e económico, mas também no social, no cultural, no institucional, no ecológico e outros. Ou seja, as consignas que lemos nos cartazes são apenas a proverbial ponta do icebergue dum descontentamento massivo com o estado actual das nossas sociedades. Exigir mais significaria reduzir o poder de convocação. É um descontentamento transversal que une gerações, sectores de renda, credos, regionalismos, nacionalidades, e uma ampla gama de posturas em quanto a propostas de mudança. Talvez o descontentamento não seja apenas pela frustração que geram as expectativas não cumpridas do bem-estar e consumo, senão também pela maneira de viver desumanizante: mesmo para a minoria que consegue satisfazê-las.

Mas as rebeliões de hoje se explicam tanto pelo presente que se padece como pelo futuro a que se aspira. Assim, oxalá que estas rebeliões não se detenham, e que caminhem mais além da vistosidade mediática das manifestações de praça pública, encontrando outros campos e modos de acção. Oxalá que ampliem e profundizem a sua proposta de mudança mais além das bandeiras que hoje agitam. Oxalá que conservem o seu carácter não-violento, não-discriminatório, transversal, participativo e descentralizado. Oxalá que estas rebeliões não se entendam a si mesmas simplesmente como locais ou como reivindicações de parte, senão como a expressão multi-focal dum modo de pensar e sentir mundializado, duma sensibilidade nascente que corresponde a um futuro querido.

É de esperar também que a esta onda mundial de rebelião frente ao estabelecido, e a esta aspiração por um mundo melhor, se somem uma rebelião e uma aspiração similares pelo melhoramento como seres humanos, mas além de ser simplesmente consumidores exigentes frustrados pelas expectativas ilusórias. Porque seria uma meia-verdade e um novo sonho atribuir toda a responsabilidade do estado das coisas apenas aos políticos e aos banqueiros, quando convenientemente se descarregou sobre eles a gestão da coisa pública e, por ende, o controle das nossas vidas. Porque as promessas não cumpridas e as estafas de todo o tipo não são coisas dos últimos anos, senão duma larga data.

Que seja uma rebelião guiada por necessidades vitais essenciais, e não pelo desejo desmedido não sustentável nem solidário. Entre as necessidades vitais essenciais seguramente se contará a de dar as nossas vidas um sentido profundo e transcendente, livre do sem-sentido de colocar o dinheiro como valor central da vida pessoal e social.

Em todo caso, a rebelião ante o mundo que se rejeita e a construção do mundo que se aspira não podem ser “sub-contratados”: requerem compromissos activos de cada um de nós, antes e depois do acto eleitoral. Oxalá que isto já se compreenda, e que os que hoje encabeçam o protesto não encomendem uma vez mais aos políticos profissionais que lhes solucionem as coisas, senão que eles mesmos tomem nas suas mãos a construção dum grande movimento que leve esta nova sensibilidade aos lugares de decisão que correspondam. Talvez por razões similares Stéphane Hassel escreveu: “Comprometam-se!” depois de “Indignem-se!”.

Em términos de compromisso activo, ainda restam forças por adicionar o seu apoio ao protesto. Estas forças são variadas e não apenas políticas, mas também sociais, culturais, religiosas, etc. É estranho advertir que anda não tenham manifestado o seu apoio público e decidido a favor do que está a acontecer. A que se deve este silêncio? Talvez porque não possam ser protagonistas ou monopolizar o que sucede? Talvez porque não se originou na sua própria organização ou lugar? Acreditam por acaso que estão a salvo do que se denunciam em outros lugares? Acreditam poder controlar a sua “ilha feliz” prescindindo do sistema global em que se encontram imersos? Ou por acaso estão tão absorvidos nos seus próprios interesses e cenários locais que se lhes impede advertir que o que se expressa na Europa e África é o clamor de todos?

Ainda alguns que ideologicamente se declaram globais ou internacionalistas parecem insensíveis ante a urgência de replicar e aumentar o protesto – e sobre tudo a proposta - em todos os lugares e foros. Em particular, os partidinhos e os seus mesquinhos políticos ainda pensam em términos localistas, seguem alimentando o jogo da democracia formal da repartição de cargos, previlégios e regalias, enquanto continua o saque dos povos a mãos dos dependentes do capital financeiro especulador.

Se vai afundando este sistema não-reformável, condenado irremediavelmente à sua superação. Será o caso de seguir acreditando ainda no gradualismo reformista quando o barco infiltra águas por todos os lados e arrastra a todos no seu naufrágio? Será o caso de seguir apoiando o jogo da democracia formal, cegamente nacionalista e classista, ou bem apostar na mudança global e real que hoje se vislumbra como possibilidade nas praças do mundo?

Porque não importa tanto o que esta rebelião é hoje como o que poderia chegar a ser amanhã.

fernando120750@gmail.com



TIDE OF INDIGNATION: WHILE SOME WAKE UP, OTHERS CONTINUE SLEEPING.

It is almost impossible not to notice a conductive thread that weaves the series of events that were triggered in January of this year by Tunisia, and that then they went on becoming replicated in Egypt, Jordan, Morocco, Yemen, Bahrain, Sudan, Oman, Kuwait, Libya, and Syria. Later  Spain (in Madrid, Barcelona, Seville, Valencia, Logroño, Santiago of Compostela, Toledo, Bilbao and others) followed suit, and this extended to the rest of Europe -as it happened in many cities of France, Greece, Germany, Portugal, Czech Republic, Hungary, Poland, and Austria. In a way, this was preannounced, among others, by the exemplary case of Iceland in 2008, the massive protests before the G-20 in 2009, and the strikes and trade union mobilizations all over Europe during the 2010. And what goes on today, in turn, preannounces much more to come.

Each one of these cases has specific characteristic proper to the history and current situation of each country in which it takes place. But all of them have the unequivocal flavour of a widespread dissatisfaction that became indignant rebellion in front of the state of affairs. This time, it is difficult for the defenders of the status quo to underrate and to disqualify these facts, attributing them to dark manoeuvres of minorities, to the hidden action of foreign governments or of international terrorism.

Although the banners of the demands that are waved may vary, all of them exude a deep weariness due to the immobility of a system paralyzed in the face of the speed of world changes, due to a self-destructing lethargy that does not get to conceive –and much less to implement - the deep changes that are necessary to face the challenges of the new world. And it does not get to it because it still pig-headedly insists on the past recipes, believing that it is enough to go on alternating the social conduction with the customary and worn out options, believing that a more or less media-likeable politician will be enough to appease the clamour for something really new, believing that the manipulation of macroeconomic indicators solves everything. It seems as though the blatant examples that are plentiful in all regions are not enough to finish convincing all that the current models no longer work.

The banners of the popular demands that are waved these days are born out of the consensus that is the common denominator of a wide diversity of unheard demands in all fields, not only in the political and economic fields, but in the social, cultural, institutional, ecological ones and others as well. That is to say, the slogans that we read in the placards are only the proverbial tip of the iceberg of a massive dissatisfaction with the current state of our societies. Demanding more than that, would amount to reducing the rallying power. It is a traverse dissatisfaction that joins generations, income sectors, creeds, regionalisms, nationalities, and a wide range of stands regarding proposals for change. Maybe the dissatisfaction is not only due to the frustration generated by the unfulfilled expectations of well-being and consumption, but also due to a dehumanizing way of living -even for the minority that is able to satisfy them.

But today's rebellions may be explained by the present that is suffered as well as by the future that is aspired to. Thus, hopefully these rebellions do not stop, and that they go beyond the mass media showiness of manifestations in the public square, finding other fields and ways of action. Hopefully they enlarge and deepen their proposal of change beyond the banners that are raised today. Hopefully they keep their character of being non violent, non discriminatory, traverse, participatory and decentralized. Hopefully these rebellions do not simply conceive themselves as local or as partisan claims, but as the multifocal expression of a worldized way of thinking and feeling, of a nascent sensibility that corresponds to a future that is held dear. 

It is also to be hoped that to this world wave of rebellion in front of the established, and to this aspiration for a better world, are accompanied by a similar rebellion and aspiration for an improvement as human beings, beyond being simply demanding consumers frustrated by illusory expectations. Because it would be a half truth and a new dream to attribute all the responsibility of the state of things only to politicians and bankers, when the handling of the public affairs was conveniently unloaded on them and, consequently, the control of our lives. Because the unfulfilled promises and the frauds of all types are not something that took place in the last few years, but a long-time issue.

May it be a rebellion guided by vital essential necessities, and not by an unrestrained desire that is unsustainable and without solidarity. Among those vital essential necessities there will surely be the one of giving our lives a deep and transcendental meaning, free from the meaninglessness of placing money as the central value of personal and social life.

In any event, the rebellion against the world that is rejected and the construction of the world that is yearned cannot be "outsourced" -they require the active commitment of each one of us, before and after the electoral act. Hopefully this is already understood, and that those that today head the protest do not entrust once again the professional politicians to solve things for them, but rather themselves take in their hands the construction of a great movement that takes this new sensibility to the decision posts corresponding to them. Maybe for similar reasons Stéphane Hessel wrote "Commit yourselves!" (¡Comprometeos! in Spanish) after "Time for Outrage!" (Indignez-vous! In French)

In terms of active commitment, they are still many forces that should add their support to the protest. These forces are varied and not only political, but also social, cultural, religious, etc. It is strange to notice that they have not still manifested their public and resolved support in favour of what is happening. What is this silence due to? Perhaps because they cannot be the main stars or monopolize what happens? Perhaps because the protests did not originate in their own organizations or places? Do they perhaps believe that they are safe from what is denounced in other places? Do they believe to be able to manage their “happy island” doing without the global system in which they are immersed? Or are they maybe so engrossed in their own interests and local scenario that it prevents them to notice that what is expressed in Europe and Africa is the clamour of all?

Even some that ideologically declare themselves to be global or internationalists seem insensitive before the urgency to replicate and to increase the protest - and mainly the proposal - in all venues and forums. In particular, the petty parties and their mean politicians still think in local terms, they continue feeding the game of the formal democracy of the allotment of posts, privileges and benefits, while the looting of the peoples continues at the hands of the clerks of the speculative financial capital.

This non-perfectible system goes on collapsing, hopelessly condemned to be surpassed. Will the case be of continuing to still believe in the reformist gradualism when the ship is leaking on all sides and is dragging all in its shipwreck? Will the case be of continuing to support the game of the formal democracy, blindly chauvinistic and classist, or of betting to the global and real change that today is glimpsed as a possibility in the squares of the world?

Because, what this rebellion is today does not matter as much as what it could become tomorrow.

Fernando A. García Buenos Aires, May 31, 2011
fernando120750@gmail.com

CRISE FINANCIERE MONDIALE: UN NOUVEL EPISODE DE LA VIOLENCE ECONOMIQUE GENOCIDAIRE 

"L'effondrement du système global se produira selon la logique de la dynamique structurelle de tout système fermé, dans lequel le désordre tend nécessairement à augmenter." Silo, La violence, l'Etat et la concentration du pouvoir. Quatrième Lettre à Mes Amis, 1991, Lettre à Mes Amis – Œuvres Complètes, vol. 1.

"Les temps sont révolus où 10% de la population pouvaient disposer sans limite des 90% restants. Dans ce système qui commence à être mondialement fermé, et où il n'existe aucune direction claire vers le changement, tout est subordonné à l'accumulation du capital et du pouvoir. Le résultat est que, dans un système fermé, on ne peut rien attendre d'autre que la mécanique du désordre général. Le paradoxe de la théorie des systèmes nous apprend que, lorsqu'on tente d'ordonner un désordre croissant, on l'accélère davantage." Silo en Chaos destructif ou révolution. Septième Lettre à Mes Amis, 1993, Lettres à Mes Amis - Œuvres Complètes, vol. 1.

Ceci fut publié pour la première fois en 1993. Il y a 15 ans, Silo nous expliquait la forme du processus mondial qui menait à un développement mécanique d'évènements. La crise financière actuelle est une des expressions les plus visibles de ce qu'il annonçait alors en termes généraux.

Il nous expliquait aussi que l'actuel "ordre" économique mondial n'était pas perfectible, mais fondamentalement miné. De sorte qu'il ne faille pas attendre d'aucune des "solutions" proposées qu'elle modifie la racine de la crise ni qu'elle parvienne à éliminer le problème de fond. C'est-à-dire que ce serait une fausse illusion de supposer que ce qui est tenté aujourd'hui soit plus qu'une "solution" d'urgence pour maintenir en vie un système, un emplâtre pour une maladie mortelle incurable. Il ne s'agit pas simplement d'une de ces crises périodiques et récurrentes du capitalisme, comme certains aiment les appeler pour atténuer leur gravité.

Il n'est pas dans notre propos ici de revisiter les facteurs qui rendent ce système non viable, ni non plus de réviser la proposition humaniste. Ceci est déjà développé dans notre bibliographie. Nos bases doctrinaires et idéologiques sont à l'antithèse du système régnant. Lequel système est basé intrinsèquement sur la discrimination et la violence, alors que la proposition humaniste met l'être humain comme valeur centrale avec la non-violence comme méthodologie.

La crise financière actuelle est un cas de violence économique aggravée dont les conséquences couvrent presque toutes les classifications de l'infraction dans le droit pénal. Cette crise économique n'est pas un phénomène naturel sans noms ni sans visages. Les faussement nommées "lois du marché" ne sont ni libres, ni sûres, ce sont des intentions lancées dans une direction et elles sont menées à bien par des personnes identifiables (physiques ou juridiques) impliquées par action ou omission.
Cette crise a ses responsables, puisqu'elle a été motorisée intentionnellement par le capital financier spéculatif. Celui-ci est représenté par les grandes banques, les corporations multinationales et tous les gouvernements et les organismes – nationaux et internationaux – qui agissent en connivence avec eux.
Bien que le phénomène soit systémique, il a été renforcé par les ambitions impériales des USA avec le soutien armé du complexe militaro-industriel qui l'approuve.

A ce propos, des voix d'alarme s'élevaient déjà il y a quelques temps et on avait souligné des indicateurs évidents de sa puissance. Mais tout cela fut ignoré par ceux qui se vantent de leur « capacité de leader » et leur « recherche de l'excellence ».

Et ce cas de violence économique aggravée concerne des millions de victimes. Ces victimes ne sont pas parmi ces minorités qui devront diviser leurs profits et leurs ambitions démesurées, et dont la position privilégiée a comme base l'accumulation de contradictions historiques. Ces victimes font déjà partie des franges de la pauvreté, de la malnutrition chronique, de la maladie endémique, du manque de défense et de l'abandon de toute assistance, etc. Et elles sont aussi comptées parmi les nombreux maudits qui une fois de plus devront payer de leur poche les solutions d'urgence qui sont mises en œuvre aujourd'hui pour sauver les poches de la minorité.

Entre-temps les journalistes se focalisent sur les vicissitudes des plus grandes bourses de valeurs mondiales, un massacre de millions d'êtres humains se développe en sourdine. Il n'y a pas longtemps, dans la presse on pouvait lire des estimations sur le nombre de victimes, calculés en millions de décès, suite à l'augmentation globale du prix des aliments. Tous ces êtres humains sont sans voix dans les journaux, sans participation dans les décisions qui sont prises : ce ne sont pas des investisseurs, ce ne sont pas des contribuables, il ne font pas les nouvelles.

De sorte que non seulement nous avons les victimes, mais aussi les indicatifs, le motif, le moyen et l'occasion, et les preuves du crime de lèse humanité. Les témoignages du crime génocidaire sont innombrables. Les victimes resteront-elles une fois de plus submergées sous la cynique étiquette de "dommages collatéraux", comme dans ce qu'on a appelé "intervention armée humanitaire", "guerre au terrorisme" ou "attaque préventive"? Nous avons les éléments pour déposer un cas pénal (aussi bien que civil) devant la Cour de Justice Internationale : mais ceci n'est ni viable ni désirable.

"Il n'y a pas d'autre issue que de révolutionner le système en l'ouvrant à la diversité des nécessités et des aspirations humaines. Formulé en ces termes, le thème de la révolution acquiert une grandeur nouvelle et une dimension jamais atteinte à d'autres époques." Silo en Chaos destructif ou révolution. Septième Lettre à Mes Amis, 1993, Lettres à Mes Amis - Œuvres Complètes, vol. 1.


Fernando García, Octobre 2008.



Mail: fernando120750@gmail.com  Blog: http://fernandoagarcia.blogspot.com